QUIÉN SOY
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Nací en Montevideo, en el verano del ´78. Mi padre era búlgaro de nacimiento. Papá era marino mercante, entonces a través de él empecé a conocer el mar, las constelaciones y otras maravillas de la naturaleza. También me enseñó el oficio de la cartografía, la fotografía, idiomas, a confiar en la tierra, a confiar en el sol, la lluvia y los puntos cardinales. Mamá era alegre, vital, adoraba bordar, la ropa limpia, y el algodón, el aceite de lavanda y los olores frescos. Me enseñó a cocinar con lo que hubiera en la heladera, a decir “gracias” siempre, a leer mucho, a cuidarme y a decir que no.

 

Trabajé con ellos desde los 14 hasta los 34.  Eso me dio cientos de oportunidades de profundizar nuestros vínculos, y también de viajar y conocer culturas y costumbres muy distintas a la nuestra. Los barcos, las conferencias en inglés, las banderas, y otros asuntos corporativos me ayudaron a seguir navegando en mis aguas internas. 

 

Viví en las Sierras de Córdoba. Poco tiempo, pero viví. Viví también en Westchester County, Connecticut, Estados Unidos. Ahí estudié decoración de interiores (una de mis pasiones), y trabajé con tres diseñadoras “de revista” que fueron una experiencia inolvidable. Íbamos todas las semanas a Manhattan a comprar telas y muebles para nuestra clientela. Lo que aprendí en esos dos años con esas mujeres no tiene nombre. 

 

Mi abuela, oriunda de Bulgaria (como toda mi familia paterna) era cantante de ópera profesional. Vivió como 50 años en California, y ahí fue donde estudió sobre plantas, ecología, hierbas, naturopatía, herbostería.  De ella tengo tanto que yo misma me impacto cuando leo los cuadernos de apuntes que me dejó. Abuela Pepi secaba flores y hojas entre las páginas de los libros; no hay nada más lindo que abrir las páginas y seguir encontrándome sorpresas ocultas cuando abro para estudiar algo o buscar recetas en sus apuntes mágicos. 

Mi camino en este mundo terapéutico empezó hace milenios, cuando mi tátara-tátara abuelo turco emigró a Bulgaria: “el país de las rosas”, y empezó a construir su familia en esa tierra mística, donde también nacieron los primeros alquimistas. Después, varios de mis ancestros, cultivaban la tierra y mi bisabuelo Stephan Nedelchev I, tenía una bodega en su casa y era experto estudioso de los hongos. 

 

La naturaleza siempre estuvo presente en mi vida, y por eso estoy convencida que fue lo que me rescató de los traumas que me tocaron vivir de chica, de adolescente y también en mi vida adulta. 

 

La naturaleza va mucho mas allá de ser mi inspiración, porque, no hace tanto, me di cuenta que la naturaleza en mí (y en todos) es la única que nos permite y nos enseña que siempre podemos salir adelante, alivianarnos, evolucionar, caminar, sanar o como quieras llamarle.

Pude haberme quedado estática, olvidada en el tiempo de esas experiencias traumáticas, pero algo adentro me hizo decidir el camino que quise tomar. Y esto fue sólamente gracias a una cosa: a mi propia naturaleza. Pero no es solo mío. Porque todos los seres humanos lo tenemos.  Ese punto adentro que no podemos explicar, que no se sabe porqué es un misterio, como la creación misma, la tierra, el cosmos y todo lo que existe. Pero ahí adentro es realmente donde tenemos la oportunidad. Solo adentro. 

 

Después de un camino muy comprometido que vengo caminando conmigo misma desde el 2003, he ido estudiando e incorporando herramientas terapéuticas que tienen una base científica. Como he decidido ir simplificando todo lo que me encuentro, voy resumiendo lo que me sirve y me aporta y haciendo una especie de traducción. Resumir. Rescatar. Proseguir con lo que me aporta. 

 

Porque esto es lo que más me gusta. La simpleza, lo directo y claro de lo natural. 

 

Desde este enfoque imparto talleres grupales online y presenciales, y atiendo desde mi enfoque terapéutico en ciclos de sesiones individuales.  No doy clases ni charlas inspiracionales. Hago encuentros que tienen un fin terapéutico. 

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En el 2016 fundé Elemental– productos y recursos naturales parar elevar nuestro bienestar. Hoy,  dos de mis cuatro hijos forman parte del equipo y no hay nada que me ponga más feliz.

 

En otoño del 2021, en plena pandemia y en medio del bosque en nuestra casa en Punta Ballena, nació el nombre para mi propio sistema que engloba lo que soy y lo que hago, y por eso también estoy muy feliz. Podés leer más sobre mi sistema Terapia Naturalista acá.

 

Adoro las flores, los ciervos, los canastos, el arcoiris, el ballet, las velas, los decks de cartas, el Pain au chocolat, Bulgaria, las alfombras, el olor a lavanda, las verduras recién cosechadas. Me gusta escuchar, escribir, charlar con mis hijos, estar en la huerta, y disfrutar con mi esposo la vida sana que elegimos compartir. 

 

Que puedas acordarte siempre que la verdadera respuesta, y la última palabra la tenés siempre vos.

Con amor y respeto,


Nadia Nedelchev Romaniz

Terapeuta Naturalista