• Nadia Nedelchev

Cuidarte en tu aspecto profesional - Parte 2: Tus "para qué"

A mis catorce años empecé a trabajar con mi padre.

Papá era capitán mercante; un hombre aventurero, audaz, sabio, y un gran artista. Siempre me despertó mucha curiosidad aprender del mar y todo lo relacionado a la navegación, y adoraba a mi padre, por eso acepté su invitación a trabajar con él y allá por el año 1992 empezó la gran aventura de mi vida: mi carrera profesional.



Como él decía “dábamos un servicio de emergencia a los buques”, así que siempre había que estar listos para lo que fuera que iba a pasar. Nuestro trabajo era bien específico y super meticuloso: vendíamos instrumental y cartas de navegación: algo que requería una atención constante y también un estrés casi permanente.



Así fui creciendo de adolescente a joven, de joven a mujer. Entre barcos, instrumentos y música clásica (papá era violinista). Cuando cerrábamos el horario laboral, nos íbamos para casa, y mamá nos esperaba con sus tisanas de hierbas, incienso o palo santo y por supuesto su aceite de lavanda para calmarnos y empezar nuestras reuniones familiares-empresariales.



Nunca me detuve a pensar en lo que estaba haciendo ni mi para qué.


A mis 25 años ya dirigía la empresa, con 16 personas a mi cargo, y viajaba a Buenos Aires todas las semanas para gestionar la sucursal que allí teníamos en Viamonte, a dos cuadras de Florida. Ya que estaba en el microcentro, a eso de las seis de la tarde me internaba en “El ateneo” a leer y elegir los mejores libros sobre autoconocimiento, meditación activa y plantas medicinales. Viajaba por Europa, y cerraba contratos con navieras en distintas partes del mundo. Para ese entonces mis tres primeros hijos ya habían nacido. Y muchas cosas, a nivel personal iban pasando. Navegaba nuevas aguas prácticamente todos los días. Noticias inesperadas que me iban entrenando para estar siempre al servicio.



En esos viajes de avión, pensaba en la naturaleza, en el poder del sol que me despertaba abajo del antifaz del avión, y en las montañas que se veían desde arriba y me generaban mucha paz. Cuando llegaba a Escocia, me quedaba un par de días extras para estudiar sobre las flores. Seguro, siempre me hacía una parada en las herboristerías locales, y me compraba todos los libros sobre terapias complementarias que me entraran en las valijas. Cuando daba el tiempo agendaba días extras y tomaba cursos y formaciones, meditaciones y algún retiro que otro.


Seguía sin darme cuenta, y preguntarme el para que de las cosas. Solo lo hacía, porque todo esto me causaba placer y sentía que crecía.


A veces me estresaba demasiado, pero estaba bien entrenada para navegar en varias aguas a la vez. Así que solo lo pasaba por alto y seguía adelante.


Viajaba, escuchaba problemas de la gente, ayudaba a resolverlos, enseñaba a otras personas a gestionar distintas cuestiones y a ordenarse para poder estar enfocados. Mientras que mi madre me repetía su mantra y me daba todos los recursos que pudiera “Nani: cuídate siempre primero a vos”


Fueron casi 20 años de formación profesional, mucho crecimiento y autodescubrimiento. A la vez que me sanaba, y transformaba por dentro y por fuera, fuí soñando con sentirme yo misma. Al tiempo de ser madre, y de empezar a ordenar algunas cuestiones personales y a indagar en un proceso terapéutico muy intenso, me empecé a preguntar mi para qué. Fueron años muy difíciles, en donde la dualidad por trabajar en un lado o en otro, sumado a la maternidad, me hacían reflexionar y buscar opciones para ver qué era lo que realmente me movía: mi para qué.


Siempre fui terapeuta. Solamente que antes no me daba cuenta. Eso estaba latiendo y hace 20 años atrás no me planteaba nada parecido.Siempre ayudé, escuché, enseñé, acompañé. Mi mente y mi cuerpo fueron entrenándose para dar servicios de emergencia, y estar disponible para que las cosas se solucionaran y llegaran a buen puerto.


Hubo dos años de mi vida que sentía desasosiego y desolación. Estaba lista a dar el paso, y salir de una transición que me llevó muchos años. Mi vida fue cambiando de rumbo lentamente, y como alguien me dijo un día “todo lo que piensas no es”. Dí el salto de fé, y me retiré de esa empresa familiar que fue la cuna de mi formación. En esos momentos me preguntaba para que carajo (y perdón la expresión pero era realmente así), me iba a servir haber dirigido una empresa sobre barcos y mapas náuticos si en realidad lo que mi ser quería era ayudar a mujeres a sentirse bien consigo mismas.


Y aquí está la cuestión de mi para qué.

Porque todo sirve. Realmente TODO lo que vivimos es para algo. Hasta aquel comentario que me hicieron un día. “pero nena tu sos muy joven para andar viajando por el mundo, de traje y dando conferencias con un público masculino”. U otro día cuando fui a cerrar un contrato a una empresa muy importante y uno de los directores se quedó esperando a que viniera alguien mas que yo.


Todo esto me hizo ser quien soy hoy. Pero no solamente esto: ahora la gran mayoría de mis pacientes son profesionales y viven todos los días lo mismo que vivía yo en ese entonces. Y ahí es cuando la ficha cae. Y siento mi para qué latiendo presente en mi corazón. Siento qué grande es la capacidad que tenemos de confiar en lo que vamos viviendo, en nuestro corazón y también (en mi caso) en el espíritu aventurero que me hizo y me hace navegar por aguas desconocidas.


Las palabras en “negrita” son mis para qué. Miralas arriba y verás que todo tiene un sentido.Lo fueron en ese momento y lo son hoy en día. ¿te das cuenta?. No importa de que forma; el para qué siempre está ahí. A veces mas consciente, y otras veces menos. Pero siempre late, y siempre tiene un sentido (y esa es la mejor noticia !)

Antes CEO en una empresa, ahora terapeuta.



Y ahora tu ejercicio:



Pensá en tu profesión. ¿Porqué elegiste hacer lo que hacés hoy? Ennumerá mentalmente (o mejor por escrito), todos los motivos por los cuales elegiste esta profesión que ejercés hoy.


A veces es por pasión. Otras por obligación. Otras veces porque tu padre o tu madre tenían la misma profesión. Otras veces por descarte.


Hoy en día, es importante que puedas reflexionar en tus “para qué”

Dejalos que penetren en tu corazón. Confiá en vos misma y agradecete por cada paso que vas dando.


Confia en mí. Sabé que todo lo que hacés – SIEMPRE va a servir.

La vivencia misma te va formando, haciéndote sabia, y única. Date espacio para verte y celebrá tus “para qués”



Voilá

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