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La comparación

Compararme me lleva a desvalorizarme de nuevo.

Me quedo en el pensamiento lineal.

Me olvido del círculo que soy. La comparación me hace sentir chica. Algo se seca adentro.

No quiero estar seca.

No quiero depender.


Ni de fotos. Ni de ideas. Ni de posibles palabras lejanas.

Compararme hace que regrese a ese lugar frío en donde el vacío en este caso no me es útil. Compararme con vagas conclusiones sobre otros seres humanos hace que me olvide de mi camino. Del que yo misma tracé. Compararme hace que me olvide de la reflexión, de la decisión que tomé cuando veía las cosas claras.

Entonces.

Transformo.


Hago el click inmediato mientras escribo, siento y recuerdo.

Vuelvo a pasar por mi corazón ese amor liviano que barre con mecanismos viejos.

Lo abrazo.

Me abrazo.

Me miro en el espejo del baño y despeinada me sonrío a mi misma.



Repaso el día.

Feria.

Pasta.

Tienda de juguetes.

Focaccia.

Mates.

Rosas.

Charlas.

Juego familiar.

Siesta.

Te.

Huerta.

Arboretum.

Encontrar a una amiga de otra vida.

Cena. Abrazo. Ducha caliente.

¿Qué se le compara a ésto?

Solo mi propia decisión.

La de sentirme digna, despierta, dispuesta, merecedora.

Siento. Escribo. Apago la luz. Y me meto en la cama de mis sueños. Donde, realmente no existe la comparación.

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