Lo que las flores me están enseñando

Flores silvestres

Recibir la belleza es tarea de valientes. Se requiere coraje para percibir la sutileza y, al mismo tiempo, el poder grandioso de lo que llamo “El Reino de Las Flores”.

Durante mucho tiempo centré gran parte de mi investigación y práctica en el poder de los aromas: la Aromaterapia. Con el pasar de los años, y distintas cosas que fui viviendo a nivel personal, las flores me fueron mostrando otras vías de integración: la alquimia floral (esencia del cuerpo vibracional de la flor), la belleza de los mandalas naturales y su arte efímero, las infusiones, los óleos, las flores integradas en las comidas, los humos de distintas flores y sus efectos a nivel sensorial y emocional. Y la lista puede seguir, porque sigo experimentando con distintos medios creativos y terapéuticos con el vasto Reino de las Flores.

La valentía y el coraje son dos energías que siempre supe que estaban en mí, y que seguiría nutriendo y aprendiendo de por vida.

Hoy me doy cuenta de que la valentía para recibir la belleza de la vida también cuenta. Apreciar la belleza, y los momentos o demostraciones de armonía que la vida nos ofrece, también es tarea de valientes, porque tenemos que estar dispuestos a soltar las culpas de habitar y recibir lo bueno.

De un tiempo a esta parte, las flores me susurran esto: cultivar la valentía para ver, recibir y sentir la belleza de la vida. Con sus matices, colores, formas y aromas. Pero la belleza, al fin.

Mucho de esto tiene que ver con una parte de nuestro jardín que decidimos dejar completamente salvaje. La historia merece un texto aparte, porque yo misma todavía estoy descubriendo todos los días las flores que van naciendo, los nuevos brotes de decenas de árboles y, por consiguiente, los animales que vienen a visitarnos. Los cantos de los pájaros, que me hacen prestar atención a las armonías insólitas que logran. Los olores que me traen recuerdos. Y las flores que crecen salvajes y se expanden: lo que antes era un cantero organizado hoy es algo que no tiene nombre ni forma, solamente belleza salvaje, que aun así guarda una armonía. Varios tipos de margaritas, muchos macachines, dientes de león que se están transformando en arbustos, carqueja, fresias, llantén, cardos y varias otras especies nos regalan su belleza, que no para de crecer.

Lo salvaje guarda absoluta belleza, sabiduría y poder.

De toda esta observación no puedo más que maravillarme, a veces emocionarme, y abandonarme a algo que no tiene explicación, que es sutil y poderoso a la vez.

La vida es una ceremonia; por lo tanto, mucho de lo que hacemos como hábito o rutina podemos transformarlo en ritual.

Tenemos permiso para conectar con lo que es infinito y no tiene explicación racional. Porque a veces las cosas no tienen explicación, ni necesitan una solución. Solo son como son. Y en medio de todo eso, cada día tenemos la oportunidad de volver a decidir, de crear panoramas que nos nutran, de elegir buenas compañías y cosas. De ser quienes somos, recobrar nuestra soberanía y recordar el camino que nos trajo hasta acá.

Las flores y la naturaleza toda son grandes maestras para esto. Acordémonos del poder que tenemos para conectar naturalmente con lo que nos hace bien.

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